La casa es silencio.
Corto la cebolla bien fina.
La dura tabla contiene su destino.
Afuera las estrellas lloran su vida.
Luego, viene un morrón rojo junto a mí,
tanto como esta ilusión
Y en tiras generosas como una primavera
van al fuego donde la sartén grita su aventura en dúo con el aceite.
El ajo se conmueve al filo de mi cuchillo,
y en importantes trozos deja su ala en silencio.
Sal, pimienta, condimentos,
para un gran amor un diente sabio.
Todo va al descomunal incendio,
donde pondremos la carne
y el corazón.
Y también un noble cabernet para un tiempo de paz.
Incorporo paciencia y caldo.
Me sirvo un trago generoso
y miro el escote de la noche.
Ahora la casa canta”.
(